El sueño más raro

Las estrellas cubren el cielo y como cada noche me detengo un momento para deleitarme con su luminosidad. A veces las cuento y otras sólo las admiro y me imagino lo que sería tener una a mi lado, poder tocarla. Me encanta lo que hay más allá de lo que podemos ver. Quizá algún día mi vida cambie y tenga la oportunidad de entrar a la NASA. Ese es el sueño, uno tan lejano y complejo, pero no tan extraño como el que invadió mi mente en noches pasadas.

Estaba recostada en mi cama, con una lámpara encendida que iluminaba de color verde mi habitación y dibujaba el espacio en el techo, como aquellos juguetes para que los bebés se pudieran dormir. Estaba embelesada en la belleza de las estrellas y los planetas, pues me habían visitado en mi habitación. Hasta que un destello que entró desde mi ventana me sacó del letargo en el que me encontraba. Corrí descalza y en pijama para ver lo que había sido, con la esperanza de que fuera una estrella fugaz que había errado el camino y aguardaba a que yo la encontrara. Pero desde mi ventana no podía distinguir nada, sólo un pequeño flash en el jardín del vecino, el cual podría ver desde la ventana de la cocina. Salí de mi habitación y bajé por las escaleras hasta sentir el frío mármol de la cocina, recorrí la cortina de la ventana y ahí estaba, un objeto redondo, con una luz parpadeante.

Tenía muchas ganas de salir y recogerlo, pero no sabía lo que era. ¡Necesitaba acercarme! Salí de la cocina, tomé las llaves de la casa y abrí la puerta principal. Rodeé la casa y cuando estuve cerca de aquello, vi como una especie de masa gelatinosa, como si fuera moco de gorila, salió del objeto circular, así que detuve mi andar. Tras dos minutos de ver como emanaba la sustancia asquerosa, ésta comenzó a juntarse hasta formar una figura estilo humanoide pequeñita, la cual al estar formada corrió a gran velocidad. Me asusté demasiado y volví igual de rápido que aquel extraño ser a mi casa. Subí directo a la habitación y me escudé debajo de las sábanas. No era un ser de este planeta y ahora estaba vagando por las calles de mi ciudad.

Quise informarle a mis padres, pero no me atrevía a sacar la cabeza. Hasta que me hice entrar en razón y dije que nada podría estar en mi cuarto, así que me destapé. Lo primero que vi fue a aquel extraño ser observándome, pero ahora de una estatura mayor, como la de un humano promedio. Escurría una especia de baba por todo su cuerpo. Era de color morado oscuro con manchas negras, sus ojos eran como los de cualquier gente, pero nunca parpadeaba. No vi si tenía boca y nariz. De pronto se inclinó sobre mí y cuando estuve a punto de gritar me cargó… entonces desperté, con mucho frío y dolor de cabeza. Asustada por lo real que fue aquel sueño. Se lo conté a uno de mis amigos y me dijo: “¿Buscaste un apagador? Digo, para saber si era sueño o… realidad”.

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