Recordando a mis maestros

Este día todo el mundo estará hablando sobre el día del maestro, de lo bien que enseñan o del mal ejemplo que dan. Yo me quise sumar a la celebración de este día, así que saquen sus sillas plegables, siéntense y pónganse a leer.

He tenido muchos maestros a lo largo de mi historia como estudiante pero quiero mencionar a tres de ellos que me encaminaron poco a poco a lo que ahora soy y a lo que ahora hago. Aunque no me había dado cuenta de eso en sus inicios, la verdad es que cada profesor deja una huella en tu vida, algunos tal vez de manera errónea pero otros siembran una semilla que poco a poco va germinando.

El primero de ellos fue en la secundaria, no me pregunten el nombre porque la verdad no lo recuerdo, pero le decía Mou, también no sé el porqué. Este maestro me dio la materia de español y sinceramente aprendí mucho con él. No sólo nos dejaba listas y listas de ortografía, sinónimos y palabas nuevas; también nos dejaba leer libros buenísimos como el de la compilación de historias de Edgar Allan Poe o el Relato de un Náufrago de Gabriel García Márquez, incluso llegó a ponernos audio libros, algo que era una experiencia sin igual.

Gracias a él aprendí a escribir mejor, a que me gustara todavía más la lectura y su pasión contagiosa me encaminó poco a poco al mundo de las letras.

La segunda profesora fue en la universidad, era la maestra de tesis y gracias a ella logré presentar un proyecto que los demás me habían rechazado. Me enseñó a estar segura de los temas que escribo: si los conozco y sé dónde investigarlos, no debo tener frenos. Mi tesis era sobre una corriente musical japonesa y la habían rechazado porque, según ellos, debía visitar Japón para poder escribirla, cosa que veía muy lejana, pero gracias a esta maestra entendí que, aunque mi tema estuviera a miles de kilómetros, si conocía el género, a la gente que rodea la música y la cultura e idioma del país, no importaba que estuviera al otro lado del charco.

El tercero, y el más importante, fue muchos años después de terminar la universidad. Él era mi maestro de escritura creativa, pero no sólo eso, también me enseñó a no tener miedo a mostrar mis escritos, a tener más confianza en mí y en mi potencial; me enseñó a seguir mis sueños, a no dejar las metas que me he creado y gracias a él reafirmé mi vocación: la escritura. Él no sólo fue un maestro de algunas materias o de algunos cursos, fue un maestro de vida ya que gracias a él, me pude abrir al mundo y mostrarle los escritos de los que soy capaz de realizar.

Estos maestros no son llamados profesores, son aclamados como guías para poder crecer.

FacebookTwitterGoogle+PinterestShare